AURELIO ROMERO
A Bárbara Allende Gil de Biedma (Madrid, 1957) se le hacía grande su nombre completo, no encajaba con su especial personalidad, sus inquietudes, aunque le sirvió para caminar por la vida de Madrid y San Rafael, exponer sus obras de joven en un mercadillo de Estepona y saber que iba a ser muy famosa porque un marinero le compró todas esas obras augurándole un excelente futuro artístico.
Sería muchos años después cuando El Hortelano, uno de los creadores más reconocidos de la llamada “movida madrileña” artística, le contó, mirando imágenes de un cuadro, que en Guinea Ecuatorial usan las dos palabras Ouka Leele “para presagiar un buen viaje en el círculo de la vida”, con un fondo de estrellas.
Desde ese día, Ouka Leele no fue más Bárbara y dos apellidos sonoros por ilustres. Con su nuevo nombre a cuestas creó y movió su obra fotográfica, inquieta, irreverente con los cánones, creando un lenguaje y una técnica que se desmarcada del conjunto y se convertía en una referencia. Al contexto lo llamaban transición y movida a la rebeldía cultural que se extendió. Aún hoy, hay quien cree que aquello fue un decorado de conveniencia y protagonistas prestados. Siguen sin reconocer que los años de las luces tienen nombres propios que los inducen, los protagonizan y los hacen eternos. Ouka Leele es, para todos, la referencia de “la fotografía en la movida madrileña”. Nada más lejos de la realidad. Ouka Leele es una de las creadoras más importantes de los últimos cuarenta años en el conjunto de la cultura española, y su reciente fallecimiento a los 64 años solo es un dato en su biografía y en el sentimiento de todo el mundo artístico.
Como bien dicen, su talento figura en letras doradas en la historia del arte español.